OPINION
Parálisis en las
universidades públicas
del Ecuador

Por Marco Villarruel Acosta
Por obra y gracia de las reformas adoptadas tanto en la nueva Constitución como en otros instrumentos jurídicos, la vida en las universidades públicas se desenvuelve a un ritmo tan lento que las reformas se han retirado más cada día.
El primer gran golpe es el de la nueva forma de llevar los presupuestos. Esta novedad ha paralizado los sistemas de pagos a punto de tener centenares de empleados a contratos en calidad de impagos. La misma situación sufren las empresas y personas que esperan la satisfacción de las obligaciones pecuniarias. Los gastos de todos los días están detenidos o caminan con plazo de tortuga. El viejo sistema de las “cajas chicas” pasaron a mejor día con lo que el trabajo de hormiga de las oficinas es más lento que nunca.
El otro es el de la gratuidad, y no porque en esencia sea negativo, sino que faltan los reglamentos respectivos. Cada dependencia universitaria es un universo lleno de complejidades que en la actualidad se han agrandado tanto que hace imposible retornar a los niveles anteriores de producción académica. Programas de educación a distancia quedaron desfinanciados porque el verse prohibidos de cobrar a los estudiantes, el gobierno no ha situado los fondos del caso y hay programas que ya llevan un semestre de retraso.
Si esto no fuera suficiente se ha expedido el nuevo Reglamento Académico de las universidades por parte del CONESUP, pero ha generado gran resistencia por aquello de querer cambiar en pocas semanas lo que demoró en construirse muchos años. Los procesos de adaptación de los nuevos reglamentos, tomados con superficialidad por muchas universidades privadas, ya que ahora dicen que ya lo tenían cuando la realidad es que adaptan o cambian de fachada las impericias y las mediocridades académicas, en las públicas son un verdadero galimatías.
Y ya viene la nueva ley de universidades y la muerte del CONESUP y del sistema de acreditación, a lo cual se unen los periódicos arrebatos verbales del Presidente, lo que configuran un panorama muy grave para la universidad azotada ya por la falta de programas académicos serios y sostenibles.
El tema muy sensible es la falta de una política definida de educación superior por parte del régimen. Ya en sus primeros meses el Presidente Correa dijo que no tenía planes al respecto y quien debía enrumbar los procesos es el CONESUP pero tal cosa no ha sucedido por la violenta irrupción de la Secretaría Nacional de Desarrollo, Senplades, entidad convertida en el SANCTA SANTORUM de la vida social del Ecuador.
La Senplades no ha señalado con claridad qué mismo quiere de la universidades del país. Apenas se han hecho varios talleres nacionales cuando se discutía la nueva Constitución Política del Ecuador y ahora para la nueva ley de universidades. Es decir, nada por el momento y mientras tanto la parálisis en las investigaciones, en las nuevas carreras, en los sistemas de admisión, en los escalafones de los profesores.
Es hora entonces de cesar el discurso sabatino contra las universidades públicas y emprender en un serio diagnóstico, para después adoptar las medidas de reforma acordadas en consenso.

