
POR Karla Intriago Zambrano
kainza84@yahoo.com
El segundo domingo de mayo tiene para nosotros un pensamiento especial y nos reconfortamos en la figura y esencia de nuestras madres. Mentalmente revisamos cada momento que hemos compartido su calidez, respeto, abnegación, etcétera.
Hasta podríamos decir, que pensando en mamá, experimentamos de nuevo el dulce y atento regazo materno que veló noche tras noche, sentimos el noble placer de la caricia cariñosa que nos despidió el primer día de escuela, nos regocijamos por haber compartido la sana dicha quinceañera, sentimos la dulzura de sus labios que nos besaban al irnos a dormir o al despertarnos del serenísimo sueño.
También, fue nuestra educadora que con justa disciplina, encauzó la vitalidad de nuestra juventud, aunque a veces provocó nuestra sorpresa y sus frases fueron sentenciosas. Nuestra amiga Nany León, difundió en su blog algunas frases típicas de nuestra sacrificadas mamacitas, las que a continuación enlisto, sin antes señalar que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia:
“Les Entra por un oído y les sale por el otro; todo lo que me he sacrificado por ustedes y miren cómo le pagan a uno; usted no se manda solo, cuando trabaje y se mantenga, hablamos; mientras usted viva en esta casa, se hace lo que yo diga; ¡Ustedes me van a volver loca!; esa amistad no me gusta; para que le hagan un favor a uno hay que arrodillarse, en cambio viene cualquiera de la calle y salen corriendo; usted qué cree ¿que esto es un hotel?; para qué me preguntan si van a hacer lo contrario; no les habremos dado lujo ni riqueza, pero les dejamos el estudio; cuando tengan hijos se van a acordar de mí; vaya pregúntele primero a su papá, a ver él qué dice; qué van a hacer el día que me muera, quién les va a hacer todo…; ¡Ah! usted verá, para qué no me hizo caso; el día que me convierta en un estorbo y en una carga para ustedes van y me tiran a un asilo de ancianos; creen que porque ya dan algo en la casa pueden tratarlo mal a uno; una cosa es libertad y otra libertinaje; hasta la una, ni un minuto más; ¿a qué hora va a llegar?; por qué no me contesta el celular; ¿eso es lo que le enseñan en el colegio?; porque yo soy su mamá ¡y punto!; no me levante la voz que no soy sorda; no sé que van a hacer cuando yo les falte; dejan todo por ahí tirado…Claro, como yo soy la sirvienta de esta casa; cuando tengan hijos van a saber lo que es una madre; uno trabaja como una mula, y ni siquiera se lo agradecen; Dios mío dame paciencia, etc…”
Son palabras, que con el tiempo y la perspectiva se vuelven anecdóticas, y apenas nos causan una rápida sonrisa. Palabras que quizás tuvieron que aparecer para humanizar la divinidad del ser que nos dio la vida y volver a poner los pies en la tierra porque ella es para nosotros un ser supremo, que nos da cuanto necesitamos en esta azul esfera terrenal, pero no…por noble que sea su función, ellas no eran sino el polvo con que el Creador multiplica su amor.
Pero nuestro pequeñito corazón humano se quiere agigantar, para sentir más y más amor por nuestras madres, que con salud y alegría desbordó atenciones y cuidados, que con enfermedad y tristeza nos heredó piedad.
Y los momentos de mamá, nos invaden los sentimientos, para unos, aquellos que la tienen en el cielo, de sublime añoranza y con fe que Dios le ha colmado de paz celestial; para otros, quienes la tenemos con vida, el deseo de volver a ser uno solo, como fue al principio, en la más santa intimidad…o escucharle solícitamente, tal cual hicimos cuando nos enseñó a rezar…o en un filial arrebato, acercarnos, abrazarla firme, besarle su resplandeciente mejilla y decirle : ¡Feliz día mamá, viejita querida!
Que este artículo sea también mi saludo fraterno a todas las madres, migrantes, enfermas, encarceladas…que también ellas sientan hoy que vivirán momentos de ser mamá. ¡Gracias!









